¿Recuerdan lo mucho que prometía Mateo Gil con su primer largometraje, Nadie conoce a nadie? Por entonces, venía abalado por el excelente recibimiento de su cortometraje Allanamiento de morada y por los colaborar con Alejandro Amenábar en los guiones de Tesis y Abre los ojos. Todos esperábamos bastante de su primer largo y en cuestiones de recaudación la cosa funcionó notablemente bien. Pero si miramos únicamente los valores artísticos de aquella película estaremos de acuerdo en que no era nada del otro jueves, que tenía secuencias irrisorias (esas pistolas con ruiditos... ¡por favor!) y que Jordi Mollà haciendo de andaluz tenía la misma credibilidad que un político marbellí. Eso sí, algunos mantuvimos la esperanza de que él, Amenábar y Alex de la Iglesia fueran la punta de lanza de un nuevo concepto de cine español, más espectacular, más orientado hacia el público y hacia el entretenimiento (directores de "otro" tipo de cine ya los había a patadas y los sigue habiendo). Hoy, casi diez años después de aquel "movimiento", de ese supuesto triunvirato el único que sigue mostrando una vocación agradecida y sinceramente populista (dicho sin el menor ánimo peyorativo) es de la Iglesia, con cambios de registro pero siempre buscando no aburrir con sus historias o no parecer demasiado pretencioso. Mientras tanto, Amenábar se convirtió en el próximo Almodóvar y Mateo Gil poco más hizo fuera de su cobijo. Hasta que el pasado año ganó un Goya por adaptar el guión de El Método Grönholm a formato cine (ganó otro el año anterior por el libreto de la sobrevalorada Mar Adentro). No sé hasta qué punto estos premios fueron decisivos a la hora de encargarle al canario ponerse detrás de las cámaras en una de las Películas para no dormir que estamos reseñando de un tiempo a esta parte, pero lo que tengo claro es que para ser una "reaparición" en dicha faceta, Gil no ha intentado hacer nada destacable ni mínimamente original, limitándose a hacer otra de esas tantas cintas españolas que juegan al suspense para camuflar historias que son más propias de cualquier drama al uso.
El tiempo del espectador vale su peso en oro, y por eso no estamos para malgastarlo. Me explico: si ustedes van al videoclub a alquilar un dvd que parece "de miedo" porque es lo que les apetece esa tarde, lo mínimo que le pueden pedir es que intente dar miedo. ¿Imaginan estar buscando una película de acción, alquilar la nueva de Steven Seagal y encontrarse con que el argumento gira alrededor de un bombero que tiene que rescatar al gato de la hija del alcalde que se ha quedado atrapado en el árbol más alto del parque, aunque tuviera que darle un par de leches de vez en cuando al lechero y el repartidor de periódicos para justificar su presencia en el reparto en lugar de Tim Allen? Pues algo parecido a esto es lo que sucede con este tipo de cine de terror a lo vamos-a-dar-un-poquito-de-miedo..., pero-no-mucho-que-se-nos-infarta-la-abuela.
Así que quiero que sean conscientes de que este es el tipo de "terror" que encontramos, siguiendo con las Películas para no dormir, en La Culpa de Narciso Ibáñez Serrador, es decir, un miedo sereno, esporádico y para muchos insatisfactorio. Tampoco vayan a creer que pienso que para que una cinta sea verdaderamente de terror ésta tiene que estar mostrando tripas cada cuatro minutos y metiendo un susto cada siete. No. Hablo más de una atmósfera opresiva, de una sensación de angustia, de un crescendo inquietante. En Regreso a Moira todo esto está presente, pero con cuentagotas. ¿Que a ustedes les gusta este tipo de suspense? Pues perfecto, corran a alquilarla. Pero por advertir que no quede...
Es posible que a raíz de todo lo que han leído hasta ahora (si han llegado hasta aquí) les haya hecho pensar que no disfruté con la película. Tampoco es eso. Regreso a Moira es un título entretenido y eso no lo voy a discutir. Aunque guarde posturas ideológicas en el argumento similares a las que planteaba La Culpa, Gil no ha filmado una cinta tan estática: no reniega de los juegos de montaje alternando presente y pasado con gusto, introduciendo momentos oníricos que provocan cierta desazón y manteniendo siempre un agradecido tono de fantasía que le da algo de fuerza al conjunto. Además, la historia del joven de pueblo enamorado de una mujer mayor que él a la que todos acusan de ser bruja tiene su morbo y consigue que me parezca atractiva una actriz, Natalia Millán, cuyo físico nunca me atrajo demasiado. Y hay un concepto visualmente muy efectivo, como es el hecho de que la casa de la "bruja" permanezca intacta durante el curso de los años, a pesar de que todo a su alrededor se ha modernizado. Seguro que a alguien le puede sonar familiar la estructura dramática de "viejo escritor que vuelve a sus orígenes para hacer las paces con su pasado y morir en paz", pero la falta de originalidad la suple la película con un acabado decente que, no obstante, se resiente sobre todo de la repetición de situaciones y la sensación de que el argumento no avanza y se extiende algo más de lo necesario (estamos hablando del telefilm más largo de la serie).
Para completistas de la serie.
Lo Mejor: El sueño en el que casi se homenajea a George A. Romero.
Lo Peor: El prescindible cameo de Amenábar y Gil. Que no da miedo.
Calificación: 5 /10
Fdo: Darkman
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Más Películas para no dormir:
- La habitación del niño.
- Para entrar a vivir.
- La culpa.
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P.D.: Gracias a Snake por animarme a continuar reseñando la serie.
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