
Después del excelente sabor de boca que me dejó
La habitación del niño (cuya reseña pueden recuperar
aquí), ya tenía ganas de hincarle el diente a otra de estas
Películas para no dormir auspiciadas por el viejo
Chicho. No obstante, el hecho de que Balagueró fuera el director de esta
Para entrar a vivir no suponía ninguna garantía para mí como espectador, ya que como ha sucedido con el resto de su filmografía, los dos últimos trabajos en los que ha estado relacionado ofrecían una de cal y otra de arena: si bien
Frágiles fue un decente y atmosférico paseo por caminos ya recorridos cientos de veces antes en el cine de terror,
La Monja (basada en una historia del director catalán, aunque no dirigida por él) me pareció un bodrio sin paliativos. Por lo tanto, no esperaba
Para entrar a vivir con la misma intensidad que
La habitación del niño, pero ha surgido la sorpresa y precisamente la palabra
intensidad tiene la culpa de ello.

El telefilm de Balagueró es aún más escueto que el de Alex de la Iglesia, lo cual no deja de ser una ventaja si tenemos en cuenta las limitaciones del proyecto (principalmente las temporales) y el modo en el que se ha planteado: el guión se adecua a unas coordenadas concretas y muy específicas, en las que apenas hay espacio para los tiempos muertos y las escenas de relleno. En Para entrar a vivir, y salvando un parón narrativo central del que hablaremos luego, todo cuenta y todo vale, somos lanzados desde el principio a una espiral de tensión y violencia en la que no nos da tiempo a sentirnos cómodos. Balagueró sabe que el margen temporal con el que juega no es amplio y aprovecha la posibilidad de emplearlo en un continuo tour de force con el que el espectador tiene pocas posibilidades de aburrirse. Sólo a mitad de metraje, y mediante la utilización de un flashback, el director se para a coger aire y prepararnos para lo que viene después: algo tan simple como presenciar los intentos de una pareja (y alguien más...) por sobrevivir al acoso de una perturbada mental cuyos motivos para matar son tan absurdos que dan miedo. Estamos entonces lejos de los cuentos de fantasmas en los que tanto se ha prodigado Balagueró, quien esta vez recorre los cómodos senderos del psychothriller desbocado y adrenalítico. Y digo cómodos porque no hay en Para entrar a vivir una intención de romper esquemas, de resultar original, de hacer una película con firma autoral. Pero amigos cinéfagos, cuando por estos caminos somos guiados con pulso firme y trepidante por alguien que sabe exactamente lo que nos quiere transmitir, poco nos importa que lo que nos están contando no sea el colmo de la originalidad. Para entrar a vivir no engaña: se limita a un corre-que-te-pillo en el interior de un edificio abandonado (o casi) y alejado de la civilización (aunque hay un plano en el que a Balagueró se le escapa la imagen de varios coches circulando de fondo no demasiado lejos de donde sucede la acción), con una histérica Nuria González que se las hace pasar canutas a unos inocentes Adrià Collado, Macarena Gómez y Ruth Díaz, que no hacen otra cosa que lo que se les pide, que es poner cara de sufrimiento, gritar y arrastrarse de una habitación a otra intentando que no se les joda el maquillaje que los chicos de efectos especiales con tanto esmero les han aplicado.

Imagino lo bien que se lo debió pasar el director en el rodaje, haciendo temblar las cámaras cada dos por tres para crearnos un estado de nerviosismo progresivo del que disfruté como un crío, incluso esbozando alguna sonrisa de satisfacción y complicidad en los momentos más extremos (como aquel del triturador de basura o la bella y espectacular secuencia en la que Macarena Gómez intenta huir por una tubería y cae encima de unas cuerdas para tender la ropa, en plan action-heroin). Para entrar a vivir tiene esa excitante cualidad de mantenerte al borde de la taquicardia todo el rato, de ahí lo catárquicas que pueden llegar a resultar las resoluciones de algunas secuencias. Aquí no hay hueco para la tranquilidad, para las escenas de suspense reposado, para espíritus vaporosos... todo es rápido, nervioso y muy físico. Balagueró dice que en esta cinta ha rodado algunos de los momentos más fuertes de su filmografía y, por una vez, podemos decir que esta frase promocional no está lejos de la realidad. Por otra parte, elementos decorativos y ambientales como los maniquíes esparcidos por los rellanos o colocados estratégicamente en las habitaciones, los coches abandonados alrededor del edificio (que quizá nos adviertan silenciosamente de cuál será el destino de los protagonistas o de otros que han pasado por allí antes que ellos...) o la lluvia constante, hacen que nos sumerjamos aún más y con mayor agrado en la trama.

Acúsenme de ser un cinéfago benevolente, de ser demasiado fanático del cine de terror, de escudarme en el puro disfrute por encima del análisis crítico, pero es mi forma de entender el cine o, como mínimo, este género que tantas alegrías (más que decepciones) me ha dado a lo largo de mi vida. Para entrar a vivir es un telefilm sinvergüenza de una hora que pretende ser espectacular y vibrante. Y si no consigue ser precisamente eso, es que no he entendido nada de nada...

Para los que prefirieron Las colinas tienen ojos a Silent Hill.
Lo Mejor: Que por una vez no hay coartadas intelectualoides o metafísicas detrás del argumento.
Lo Peor: Que se intente buscar en la película más de lo que hay.
Calificación: 7'5 / 10
(Ver Ficha)
Fdo: Darkman
_________
OTRAS PERSPECTIVAS:
- 'Para Entrar a Vivir', Balagueró dejando por un momento lo fantástico, por Red Stovall en Blogdecine.
- Reseña: Para entrar a vivir (2006), por Hombre Lobo en Horas de Oscuridad.
- PARA ENTRAR A VIVIR [TELEFILM] por María José Vilches Carrasco en Pasadizo.com
- Películas para no dormir: Para entrar a vivir por Joan en The Dreamers.
servido por cinefagos
15 comentarios
compártelo
El Vaugan dijo
a ver si me pongo una noche y me veo las dos de una sentada, aunque Balagueró ya no me inspira confianza, sinceramente.
Saludos.
27 Septiembre 2006 | 08:42 PM