'CORRUPCIÓN EN MIAMI': De todo menos Miami...

¿Quién nos iba a decir que el responsable de "El Torreón" (The Keep, 1983), aquel film de terror bélico tan irregular y feísta -aunque nada desestimable- acabaría con los años firmando productos como "Heat", "Collateral" o su actual estreno en pantallas, "Corrupción en Miami". Como fiel reflejo del único a la par que nada sutil mensaje-moralina de este su último trabajo, que reza algo así como que "el tiempo es un regalo" -así que no lo despilfarres en miramientos, escrúpulos ni planes de futuro- el propio Michael Mann ha dispuesto del tiempo suficiente como para desarrollar un sentido estético de la narración cinematográfica envidiable, para el que, claro está, es necesario tener de tu lado un buen respaldo económico dispuesto a pagarte los cochazos, aviones, helicópteros y lanchas motoras del más alto cubicaje. Qué pena que en lo que a pura y simple narración y profundización de personajes respecta la experiencia y los años de oficio no le hayan sido tan provechosos, siendo así que aún hoy "Heat", tal como yo lo veo, sigue presentándose como su mejor obra, muy lejos de ser superada.

Quiero decir que si el otro dia Stan explicaba que nuestro "Alatriste" le había resultado "una preciosa caja de regalo vacía", esta "Corrupción en Miami" no ha resultado ser menos preciosa, o si me apuráis preciosista, ni está, por supuesto, menos vacía, aunque eso sí, el pulso de la narración esté algo más conseguido, que no en vano el film de Díaz Yanes bien podría haberse titulado "Alatriste: Postales desde el Filo -de la toledana-", y tal vez los adeptos al personaje literario de Reverte no nos habríamos levantado de la butaca tan circunspectos.
"Corrupción en Miami" es, pues, un tenso thriller -no todo lo intenso que hubiese sido deseable- de un estiticismo visual indiscutible, pero a la vez carente de sustancial chica, bastante cojo de fachada para adentro, entre otras cosas, porque los personajes no están conseguidos; la progresión de la trama no se para en ningún momento a convencer al espectador de cuáles son los dejes y usos, motivaciones, interrelaciones y sentimientos de ninguno de ellos: las escasas pausas en que la trama se detiene apenas nos cuentan nada esencial sobre quiénes son -incluso para sí mismos- Sonny y Tupps: sabemos del primero le gustan los mojitos y que es un ligón, y del segundo que hace el amor todos los días con su novia y que no sufre de eyaculación precoz... ¿Algo más? ¿Vicios?, ¿hobbys?, ¿anécdotas en común?... ¿Cómo narices este par han llegado a ser tan inseparables amigotes?... Nadie sabe ni contesta.

Como ya intentase -y consiguiese- en "Heat", Mann nos vuelve con el cuento de que los polis buenos y los hampones malos son también personas, con su vida interior y todo, su corazoncillo, sus problemas, sus defectos, se rigen por sentimeintos, en suma, aunque al final a los primeros sólo les importe el trabajo y a los segundos el dinero. A diferencia de que ahora, en este nuevo enfrentamiento entre hampones y fuerzas de orden high-tech, el invento no le ha acabado de cuajar. Para tratarse de hombres que corrompen, o se dejan corromper, y hombres que combaten dicha corrupción, a esta película le falta bastante humanidad, que es, ya se sabe, toda fuente de maldad.
De hecho, si uno se para a pensar, el título mismo de "Corrupción en Miami" parece ser simplemente un gancho publicitario para ampliar taquilla, puesto que la Miami tan corrupta como lujosa que recordábamos de la serie de TV de los 80 no aparece en el nuevo film de Mann ni por asomo -ni mucho menos se os ocurra albergar la esperanza de escuchar en la peli el archifamoso "main title" de la serie compuesto por Jan Hammer-; sólo los nombres de "Sonny Crocket" y "Rico Tupps" recuerdan la fuente de la cual se supone bebe esta nueva historia que, sin embargo, más bien parece un remake, no, mejor, una reactualización -del todo fallida, eso sí- del gran éxito de Mann: "Heat". Sólo que mientras en aquélla sus personajes desbordaban credibilidad, en esta nueva "crónica ultramoderna del hampa", todos sus actantes son de cartón piedra; en lugar de seres humanos caracterizan a superpolis postgraduados en un Master de G.I.JOE's: privilegiados y audaces cerebros insertos en verdaderas máquinas de matar a las que, de vez en cuando, se les escribe un atisbo de vida más allá del deber para así justificar que en realidad seguimos hablando de seres huemanos como ustedes o yo mismo. Pero no, no lo son, ni parecen personas ni tampoco policías; parecen más bien superhombres salidos de un hipotético éxito del experimento aquel llamado "Soldado Universal", ustedes lo recordarán a buen seguro.
¿Más cosas? Bueno, trilladuras las que queráis: la relación erótico-festiva entre Crocket (Farrell) e Isabella (Gong Li), que, ay, snif, tras transformarse en amor verdadero, del todo imposible por ambas partes dado lo opuesto de sus mundos, culmina en triste separación; la tópica y feliz salida del coma de la novia de Tupps (Foxx), y que trama atrás sirvió para justificar un más que vago afán de revancha por su parte; por no hablar del sopor al que conducen las apariciones de los narcos José Yero (John Ortiz) y Montoya (nuestro Luis Tosar, quien esperemos que al menos se acordara de sacarse la anquilosante percha del traje una vez acabado el rodaje)

A pesar de todo, y ya pasando a un plano más que subjetivo de opinión, no salí en execeso decepcionado de esta última de Mann, quizá porque como él soy un perdido enamorado de la noche y las buenas ensaladas de tiros. Me encanta cómo este director filma las noches de las grandes metrópolis, así que un poco sí me da igual que la historia que me cuenta esté siendo buena o no, porque ando como extasiado en esa atmósfera nocturna que tanto me acomoda. Por este motivo "Heat", "Collateral" y "Corrupción en Miami" son films que, peores o mejores, me gusta "mirar". Y con los tiroteos sucede más o menos igual: Michael Mann sigue siendo hoy día el hombre que ha filmado la mejor y más intensa escena de tiroteo urbano del cine, fue en "Heat", como supondréis, y un servidor ayer, mientras avanzaba la película pensaba: "Bueno, espero que al menos la ensalada de tiros sí valga la pena", y a fe que al fin la valió, pienso, aunque no llegue ni de lejos a la altura de los intercambios de plomo del trío Pacino-De Niro-Kilmer, el colofón de acción y adrenalina servido por Mann a última hora, todo y no disculpar el naufragio general de su película, sí dejó un mínimo buen sabor de gota.

Valoración: 6/10
Lo mejor: "Mientras la ciudad duerme" a la manera de Mann, es decir, la noche, sin dudas. Y también la selección musical de temas, que como ya ocurriera en "Heat" y "Collateral", le dan al conjunto un buen toque.
Lo peor: Colin Farrell, como suele ser costumbre... y es que no lo aguanto al caballero, amigos.
Fdo: El Vaugan

...ahora en http://cinefagos.wordpress.com













VSancha dijo
Casi completamente de acuerdo con tu critica, sin embargo a mi me cae de puta madre Farrel..
11 Septiembre 2006 | 12:04 PM