ALATRISTE: una preciosa caja de regalo vacía
Por fin llega a nuestras pantallas la producción española más esperada del año, llamada a salvar al cine patrio en este 2006. Una vez vista, la impresión es bastante negativa, desgraciadamente. Y lo digo con pesar, como fiel lector de las novelas de Arturo Pérez-Reverte. Si había un espectador predispuesto a disfrutar la película ése era yo. Lo aclaro para que luego no nos tachen de denostar el cine español por el simple hecho de hacerse aquí.
Una vez finalizada la proyeccion lo primero que me pregunté fue: ¿Y esto era todo? ¿De verdad era necesario condensar las cinco novelas en una sola película? En mi opinión, rotundamente no. Díaz Yanes ha intentado contarnos de pé a pá la vida del capitán Alatriste, un soldado viejo del Tercio de Flandes, algo que en las novelas no importa absolutamente nada. Cualquiera que las haya leído sabe a la perfección cuándo y cómo morirán la mayoría de los protagonistas porque, de hecho, conocer los detalles no es la finalidad de la narración. En muchas ocasiones se nos adelanta el final de uno de ellos, incluso del mismo Alatriste, sin que ello sea óbice para que la historia no siga su curso. Las aventuras de este soldado están impregnadas de veracidad, no hay nada estético o elegante en ellas, y no hay verdad más absoluta como que todos moriremos. Lo importante es lo que hacemos en vida y ésa es la temática. Sin embargo, en la película se ha antepuesto conocer de una manera más o menos cronológica el devenir de este matarife de rectos principios, algo que entorpece la acción. Cada uno de los cinco tomos editados hasta la fecha contienen material de sobra para hacer una película emocionante, violenta e incluso divertida.
Desde luego, a mi entender, los miles de espectadores que vayan a ver “Alatriste” sin haber leído ninguna de sus novelas (sino todas) van a verse bastante perdidos. El guión es totalmente inconexo. Han intentado contar tanto que no han contado nada. Díaz Yanes se ha limitado a filmar, con bastante acierto y buen gusto dicho sea de paso, alguno de los pasajes de la saga, y no los mejores precisamente, pues han obviado capítulos tan magistrales como el encuentro en el Portal de las Ánimas o los interrogatorios de la Santa Inquisición. De este modo cogemos el inicio de “El capitán Alatriste”, una mínima pizca de “Limpieza de sangre”, un gran fragmento de “El Sol de Breda”, el final de “El oro del Rey” y alguna escena suelta de “El Caballero del jubón amarillo”. Ea, ya tenemos guión. Y si no sabes leer los huecos entre escena y escena (porque no te has leído los libros) pues ése es tu problema. No sé si en el transfondo de todo esto hay un rebuscado plan de fomento a la lectura, pero aún así, la traslación es desastrosa. Por si no hubieran cosas interesantes que contar en esos libros, el director ha consultado al Pérez-Reverte por dónde irán los tiros de las siguientes novelas, ya sabéis, para que todo le cuadre en su tesis sobre Alatriste. Aquí, amigos, el lío es ya total, porque evidentemente nadie ha leído lo que no está escrito. Que si condenas, ascensos y reencuentros con antiguos conocidos que ni vienen al caso ni casan con la historia. Todo ello metido con calzador en una media hora final tan caótica como prescindible. Incluso se han zanjado cinematográficamente historias aún sin terminar, lo que me ha tocado definitivamente las narices (por no ser más grosero). Aquí, los lectores intuirán que me refiero evidentemente a Gualterio Malatesta, en archienemigo de Alatriste.
Puedo comprender que a Arturo Pérez-Reverte le haya hecho ilusión ver cómo se gastan una millonada en plasmar su imaginación al celuloide y que se han respetado muchos de sus parámetros estéticos; pero ¿no le parece que han cambiado a sus personajes? Porque a mí sí, y bastante. Iñigo es más macarra, Malatesta menos siniestro, Alatriste menos peligroso (le dura a Malatesta un santiamén ¡Por favor!), Angélica menos mala, Rosalía de Castro mucho menos atractiva... ¿Sigo? Parece una versión descafeinada de todo lo que leí. Menudo chasco. Considerando todo esto, ¿De verdad le ha gustado tanto esta película? Supongo que para el polémico académico la adaptación de su obra es perfectamente digerible porque si no la entiendes es que, o no te has leído sus novelas, o no dominas la historia de España en el Siglo de Oro; y habrá primado su deseo de ser didáctico sobre el de ser entretenido. No pocas veces he hablado con amigos de la carencia que tenemos en España del concepto de espectáculo. Podemos ver una producción histórica de cualquier otro país que, sin ser sumamente fidedigna, son espectaculares. Ahí tenemos “Braveheart”o “Gladiator”, a las que no tacho de inexactas (porque no sé si lo son), pero si de espectaculares. Aquí estudiamos el diseño de los botones de las casacas del siglo XVII, pero descuidamos el objetivo de todo: hacernos pasar un buen rato. Después le ponemos cuatro estrellas en el Fotogramas y hundimos la próxima de Hollywood, aunque sea ésta última la que nos tragaremos una y otra vez, mientras que los “Alatristes españoles” cojen polvo en la estantería.

En Alatriste todo está en su sitio (localizaciones, vestuario, reparto, etc), pero ¿Por qué no he sentido una pizca de la emoción que me proporcionaron las apasionantes sesiones de lectura? Algunos de vosotros me diréis que salvo contadas excepciones el libro siempre supera a la película. Es cierto, no os lo discuto, pero muchas veces sí que se sabe transmitir esa esencia, esa emoción que nos hace identificarnos con los personajes, sentir cómo ellos e incluso lamentarnos de su suerte. A mí me ha pasado muchas veces al visionar (buenas) adaptaciones como “El padrino”, “Entrevista con el vampiro” o “El señor de los Anillos”. Aquí no he sentido nada. Y la culpa de ello la tiene de nuevo su absurda vocación de grandeza. Ésta es la película española más cara, tiene que ser grande. Y ya se sabe: “El que mucho abarca poco aprieta”.

También he leído no pocos comentarios que se preguntaban a dónde habían ido a parar tantos millones de euros. Ahora comprendo que tenían razón. Supongo que todo se lo habrá llevado el señor Mortensen y la ingente cantidad de actores españoles que actúan aunque tengan sólo dos líneas (como Pilar López de Ayala, Pilar Bardem o el prota de ”Los hombres de Paco”), a los que Alatriste habrá pagado más de una letra de la hipoteca. También es verdad que no han reparado en gastos a la hora de contratar a profesionales de la talla Bob Anderson (maestro de espadas) o de Francesca Sartori (vestuario). Con todo, no sé yo si la productora pasaría una auditoría a fondo, ya me entendéis.

Lo que está claro es que predomina el diálogo por encima de la acción, cosa que no me molesta en absoluto. Sin embargo, los diálogos se pierden en situaciones vacías e inconexas y las escenas de acción son cuanto menos pobres. Resulta curioso que con tanto presupuesto no hayan podido ser un poco más épicos. El director opta por planos descaradamente elegidos para compensar el ridículo de rodarlos con planos aéreos, por ejemplo, al estilo de “Juana de Arco” de Luc Besson. Se muestran planos en su mayoría medios y bajos, con muchas picas en alto para dar sensación de multitud, cuando sólo son una treintena. Por todo ello, la batalla final, la única digna de llamarse así en realidad, resulta sosa. Por si fuera poco, en esta final, en la que el Tercio viejo de Flandes está acabado, la acción se acompaña con una banda de Semana Santa. Esto no es para nada gratuito. De hecho, estos tercios se caracterizaban porque cayera lo que cayese mantenían su marcha lenta pero continuada, como si, de hecho, se tratara de un paso ceremonial. El problema es que esa imagen digna de verse es omitida del montaje, con lo que la armonía queda fuera de lugar, y más aún desconociendo lo anterior. Para compensarlo, las escenas de duelos, más numerosas, sí que están bien rodadas y escenificadas. Cortas, peligrosas y violentas, sin ahorrarse detalles sangrientos. La labor de Anderson ha sido magistral. Sólo una pega: la escenita en plan “Blade” que protagoniza Unax Ugalde. De risa.

Ya que antes hemos nombrado al reparto, hablemos ahora de él. En general me han gustado las interpretaciones de casi todos los actores, mención especial para Juan Echanove y su gran personificación de Francisco de Quevedo. En cuanto al protagonista de la función, Viggo Mortensen, para mi da en su justa medida la imagen del Alatriste novelesco. Serio, comedido y sin muchos escrúpulos. Los fallos que pueda tener son sólo responsabilidad del infame guionista (sí, Díaz Yanes otra vez). La única pega es su dicción, demasiada susurrante y ronca, alejada de ése castellano que tanto presumía de haber conseguido. A este particular hay más opiniones que colores en una camiseta de Ágatha Ruiz de la Prada, pero, digan lo que digan, un castellano de pura cepa es el que entona el personaje de Luis de Alquézar.

Del resto del extensísimo reparto, los que de verdad actúan en mayor medida son los competentes Eduard Fernández y Antonio Dechent, la sosa Ariadna Gil (que no me ha convencido nunca), Eduardo Noriega, que da el tipo (el del libro, claro) de Duque de Guadalmedina aunque no sea miembro honorífico del Actor’s Studio que digamos; el citado Juan Echanove, que lo clava; Unax Ugalde, un actor que cada vez me gusta más pero que no ha podido regalarnos a un Iñigo Balboa en condiciones por culpa de una mala adaptación; Javier Cámara, que lo hace bien pero da risa con esa peluca clavada a la de “las Virtudes”; y Elena Anaya, otra buena actriz que padece el mismo mal que Ugalde. De Blanca Portillo en su papel de hombre, mejor no hablar.
En definitiva, para mí, como lector que aprecia las aventuras del capitán Alatriste, la película me ha proporcionado la curiosidad de ver en movimiento acciones que yo ya había imaginado, a veces igual y otras mejor que lo que se ofrece. Una pena, pues esperaba algo mejor, una historia completa, no breves brochazos de todo. Sin ninguna duda, han desaprovechado la oportunidad de ofrecernos cada cierto perído la adaptación de una aventura, pero como Kubrick manda. Con este Agustín Díaz Yanes (guionista) no me queda más que batirme.
Lo mejor: el diseño de producción y la fidelidad con que se plasma lo adaptado.
Lo peor: el guión es desastroso, caótico y sin sentido, intentando contar la historia siguiendo un patrón que no está presente en las novelas, consiguiendo que no nos enteremos de casi nada. Alatriste parece menos peligroso que en los libros. Gualterio Malatesta da menos miedo que Alf en bikini y, para colmo, no entona la siniestra melodía que le caracteriza. El plano final.
Calificación: 3,5
Fdo: Stan
...ahora en http://cinefagos.wordpress.com













El Vaugan dijo
En general muy de acuerdo con tu comppleta opinión; la narración queda más coja que el taburete en el que Eli Wallach pretendía ahoracar al buen de Clint, y además los que no hayan leído las novelas probablemente se hayan quedado con una cara de estupefacción considerable. De todos modos disiento en algo, la escena final, que por la esencia misma de las novelas de Alatriste, debía ser como Yanes la reflejó; cuatro soldados viejos abandonados a las buenas de dios por una España que ya empezaba a serla eterna perdedora que actualmente ha sido y será.
Saludos areniles.
7 Septiembre 2006 | 11:52 AM