Decir que “La sombra de la sospecha” es la típica película de inocente perseguido sería algo muy benevolente. La trama nos pone en la piel de Pete Garrison (Michael Douglas) un alto cargo del Servicio Secreto norteamericano encargado de la protección de la primer dama (Kim Basinger). Pronto se verá inculpado en una conspiración que pretende matar al presidente en la que él aparece como el principal sospechoso. Para demostrar su inocencia deberá huir y encontrar al verdadero topo.

“La sombra de la sospecha” es otro claro ejemplo de lo mal que está el nivel de originalidad en la meca del cine. Resulta obvio para la industria que ofrecer un refrito impresentable es una buena opción cuando consigues que lo protagonicen algunas estrellas, aunque estén en horas bajas. Y es que estamos hablando de una película que en cuestión de media hora (o menos) ya ha desvelado todas las sorpresas que nos tenía guardadas. Douglas está huyendo, sigue huyendo y continúa huyendo hasta que al final se resuelve todo de la manera más típica posible. Para que se hagan una idea, un servidor fue a verla con ChicoViejo y puedo atestiguar que nada más empezar me señaló sin lugar a dudas quien era el infiltrado. Acertó.

Si la premisa argumental ya pintaba mal, debemos sumar la mala labor de Clark Johnson, (SWAT) que apuesta por una dirección efectista con la intención de dar dinamismo a la trama, rodando unos planos que pretenden reforzar la grandeza de la Casa Blanca y la extremada profesionalidad de sus cuerpos de seguridad. Por otra parte, se vale de recursos estúpidos para crear una atmósfera de tensión que nos recuerde que la vida de un hombre está en juego, introduciendo de la manera más torpe posible una serie de mensajes terroristas con voces y textos islámicos que no hacen más que echar leña a una hoguera que ya está más que caliente.

El objetivo último es vendernos la idea de lo magnífico que es el Servicio Secreto norteamericano y de lo entregados que están a la causa de proteger a un presidente de ciencia-ficción más bueno que un trozo de pan y con unas buenas intenciones de cartón piedra (firmar el protocolo de Kioto, la paz en Oriente Medio ¡por favor!); una tarea que sólo podría tener éxito en los EE.UU. En el resto del mundo nos reiremos un rato con lo que catalogamos irremisiblemente como gran americanada. Da la impresión de que George Nolfi, el guionista, ha intentado recrear una fusión entre “En la línea de fuego” y la citada “El fugitivo” y lo único que ha conseguido es demostrar su incompetencia total (algo que ya hizo adaptando “Rescate en el tiempo” de Michael Crichton o escribiendo la tonta “Ocean’s Twelve)

En cuanto al reparto (lo mejor de la película), Michael Douglas hace lo que puede, pero se ve descaradamente que sus días de héroe de acción están llegando irremisiblemente a su fin. Su cuerpo ha tomado la dirección directa a la de su padre, con una barriga y unas hechuras que proclaman a gritos su edad. Kiefer Sutherland, uno de esos actores que nunca han llegado a despegar del todo y que ha tenido que esperar a la serie “24” para alcanzar la gloria, repite el mismo papel de Jack Bauer, lo que no hace más que encasillarle. Con todo, una interpretación discreta. Eva Longoria esta ahí pero podría no estar. Su papel es totalmente prescindible y su única misión es poner la nota sexy y latina a toda la ecuación en un intento de atraer al público latino. Por último nos queda Kim Basinger, que sale más bien poco y no tiene oportunidad de lucirse.

En fin, una película de sábado por la tarde en Antena 3, con la diferencia de que me cobraron por la entrada. Al menos me queda la satisfacción de desaconsejarla a todo el mundo.

Lo mejor: sinceramente, no caigo.
Lo peor: un final más que penoso.

Calificación: 2 /10

(Ver ficha)

Fdo: Stan