No somos fachas, sabemos lo que queremos, vive la vida igual que si fuera un duelo...

Con él llegó el escándalo...
Las películas antiguas de acción tendían hacia un muchas veces aburrido y gris “policíaco” mezclado con gotas de erotismo y alguna que otra explosión. Lástima que antes de que se impusiera el modo definitivo de encarar el cine testosterónico (palabro que me invento pero que seguro Ramoncín conoce), no se sabía mucho de maquetas o de rebozar en llamas a los especialistas. Pero algo iba a cambiar...
Estoy más que convencido de que Charles Bronson (Buchinsky para quienes brindamos por él aquel 30 de Agosto del 2003) y Mr. Majestyk fueron los máximos responsables de renovar el cine de acción. Es una osadía que tal vez pague cara, pero creo firmemente en ello, y tengo algunas razones para sostener mi teoría:
1- Mr Majestyk la dirigió Richard Fleischer, un visionario capaz de lo mejor [The Vikings] y lo peor [Red Sonja]. Han sido directores como él quienes han acabado por renovar los géneros, por mucho que se les etiquete siempre, y de un modo relativamente condescendiente, “artesanos”. Simon West no ha renovado un carajo, menos aún Jan de Bont. Esto no quita que le conceda cierto mérito a Paul W. S. Anderson [Mortal Kombat, Event Horizon, Resident Evil, Aliens vs. Predator], uno de los pocos directores que ha centrado su carrera en el cine de acción en lugar de utilizarlo como trampolín.
2- El argumento de Mr. Majestyk trata el enfrentamiento entre un granjero muy trabajador y una pandilla de mafiosos sin escrúpulos. No veas cómo se cabreaba cuando le empezaban a reventar las sandías... Para que luego los críticos progres y aburridos le busquen apologías de la violencia gratuita y del derechismo trasnochado.
3- La película siguiente en la carrera de Bronson era DEATH WISH. Aquí se montó un lío con los títulos que servidor siempre utiliza como ejemplo de lo patético de las traducciones y los doblajes, especialmente los de aquella época. Vamos con Death Wish (Deseo de Muerte, toma ya), película que se anticipó de sobras a la blaxplotation y demases, sin jamás ocultar su deuda para con Don Siegel y el fundamental Dirty Harry.
Se adelantó porque el genial Herbie Hancock estaba tras la banda sonora, puro jazz-funk aceleradísimo y táctica después empleada por Isaac Hayes y Curtis Mayfield (entonces no existían Korn ni Pantera) que le inyectaba un pulso muy vívido al film. Hoy en día se relega esa labor al montador, de ahí el alegato que alimenta este artículo. Ya sabéis, ese corta-pega-corta-pega sobre estridencias orquestales que acaba por aburrir y por disolver el núcleo emocional de la acción. Y así se mantuvo, con mayor o menor talento dirigiéndolo, el esquema del cine de acción moderno. Vendrían películas tan deliciosas como “El Exterminador”, “Shaft”, “The Warriors”...
Y gracias a dios durante los 80 se conservaron los mimbres de este género con considerable respeto hasta llegar a una época de cambios (leves) donde no todo fueron despropósitos e incluso se mejoraron ciertos aspectos. La saga de “Rambo” supuso un nuevo paso. Hacia delante creo yo, hacia atrás creen muchos. También evolucionaría la saga de Death Wish, aunque bajo el amparo de la Cannon, productora indispensable que tenía en Izaro Films (ese zoom setentero sobre la isla...) a su fiel aliada en España. Dicha productora invocó al feto mal digerido del síndrome Hong-Kong que tan pocos cineastas occidentales han sabido asimilar debidamente. Así es que entraron las artes marciales, los coches potentes, los gadgets de saldo, las chicas florero con el pelo crepado, la filosofía de macarra filogay, los f/x purulentos y el rescate (o secuestro, mejor dicho) de aquellas premisas tan ingenuas que nutrieron a la sci-fi y la serie B de los 50/60. La culpa fue de la Cannon y punto. No se explica si no el porqué se mantienen a día de hoy todos esos elementos, por muy maquillados técnica y estéticamente que estén.
En Rambo, en Rocky, en Death Wish, no te digo que no en Por Encima de la Ley... ahí no habían coartadas de ningún tipo, salvo las que les fueron colgadas por obra y gracia de nuestros amigos los críticos ensimismados. Que si panfletos encubiertos de la era Reagan, que si mensajes subliminales del tipo “un Magnum es tu mejor amigo”, etc.

A Johnny Rambo le engañan, le maltratan, le vuelven a engañar, le encarcelan y ahí no sé si se le cayó el jabón. A Charles le violan y/o asesinan a 3 mujeres, una hija si mal no recuerdo, unos cuantos amigos a los que también se les benefician y/o cepillan a sus seres queridos... un mártir como la copa de un pino. El caso es que, y ahora me pongo serio, estos films profetizaban de algún modo el caos que se nos avecinaba, el miedo, el odio, la irracionalidad y la explosión de nuestros más deleznables defectos. Lo dijo Darwin y lo dijo Michael Douglas en Un Dia de Furia, aquella incomprendida obra maestra del irregular Joel Schumacher. Si uno se la mira bien puede encontrar en ella las dos caras del vengador popularizado por Bronson: la apacible y resolutiva (Robert Duvall) y la salvaje, herida y todavía más resolutiva (Douglas)
La música continuó siendo un factor crucial en la construcción de estos mitos (de videoclub tal vez, pero mitos al fin y al cabo). Jimmy Page de Led Zeppelin, Bill Conti, Jerry Goldsmith... Sin ellos se habría malgastado el músculo de Sly, el achinamiento ocular de Charlie, la parálisis facial de Sly o la harmonía con la que Charlie asía a su amigo Willy (el mejor chiste de Death Wish 3).
En fin, esta es sólo ha sido una introducción a las próximas reseñas de Rambo (la trilogía enterita, con un par) y Death Wish, en cuyo caso me centraré en su tercera parte, aquí conocida con el ya mítico título de El Justiciero de la Noche.
Fdo: Paul Kersey (artista invitado)
...ahora en http://cinefagos.wordpress.com













Kersey dijo
Gran cagada. No es Tom Conti (actor), sino Bill Conti (compositor) quien debería aparecer en el penúltimo parrafo. No soy ningún IMDB andante, así que disculpad el despiste.
31 Julio 2006 | 05:59 PM