La analista cinematográfica Pauline Kael escribió que, en el fondo, lo que al público le llamaba la atención a la hora de ver una película se resume en cuatro palabras (dos en realidad): "Kiss kiss, bang bang". Kael, que tomó prestada la frase del nombre que pusieron a James Bond en un cartel italiano (Mr. Kiss kiss, bang bang), daba de lleno a la hora de sintetizar con un par de términos las emociones básicas (a veces pueriles si se quiere) que instan al cinéfilo/cinéfago a sentarse delante de no pocas cintas: sexo y acción, romance y violencia.
Shane Black, recogiendo la idea de Kael y después de leerse un puñado de novelas de detectives, decidió debutar en la dirección con este agradable thriller cómico que recoge no pocos de los estilemas que le hicieran famoso como guionista. Y es que Black (que también ha ejercido de actor en cintas como Robocop 3 o Depredador - donde interpretaba al lascivo Hawkins - ) es el responsable de libretos tan "apreciados" como Arma Letal, El último boy scout, Una pandilla alucinante (The Monster Squad) (película básica en mi infancia) o Memoria Letal (delirante actioner que me hizo sudar adrenalina cuando la vi en el cine y que pasó con más pena que gloria por las taquillas). Y pongo "apreciados" entre comillas porque sé que muchos ahora renegarán de estas películas, aunque bien que nos las hemos tragado casi todos sin rechistar y hasta disfrutándolas varias veces... Pero, centrémonos. Si os fijáis bien, todos estos títulos tienen algo en común: se adscriben dentro del subgénero de las buddy movies (pelis de colegas) o, en el caso de Monster Squad, en la acumulación de personajes dispares que forman un grupo tan heterogéneo como efectivo. En Kiss Kiss Bang Bang Black no abandona el punto de partida de los caracteres opuestos que se ven obligados a soportarse durante un par de días para llevar su cometido a buen puerto: tenemos por un lado a Harry Lockhart, un ladrón de poca monta que, por circunstancias de la vida (o por el destino, como él cree), acaba haciendo con éxito un casting que le lleva a Hollywood para interpretar a un detective. Allí contará con la ayuda de un asesor de cine y detective profesional en los ratos libres (¿o es al revés?), Gay Perry, que le mostrará los entresijos de la profesión para que consiga una interpretación más convincente. Los problemas llegan cuando en medio de lo que parece una simple misión de vigilancia se topan con un asesinato y todo se complica de tal modo que acaban entrando en juego cuestiones sentimentales y fantasmas del pasado.

"¿Llevas la pistola en el bolsillo o es que te alegras mucho de verme?"

Y creedme cuando os digo que todo esto ha sonado mucho más serio de lo que realmente es. Black realiza una cinta ágil, irónica, casi cruel (el momento en que Harry orina "accidentalmente" sobre un cadáver es para troncharse), en la que los personajes no paran de moverse de un lado a otro, pero con un problema serio que hace que no terminara de gustarme del todo: parece que el Shane Black escritor acaba pesando más en el conjunto que el Black director, de tal modo que intenta ser tan ingenioso y verborréico con el guión que lo que consigue es despistar al espectador e impedirle involucrarse plenamente en una trama que no acaba de estar demasiado clara. Si bien los primeros minutos, con el divertido prólogo infantil o el reencuentro entre Harry y su frustrado amor de instituto, Harmony (una Michelle Monaghan mucho menos mojigata que en MI3), consiguen crearnos unas expectativas de creatividad y alteraciones narrativas (Harry, como narrador que es, detiene el relato cuando le apetece, avanza y retrocede a su gusto para ofrecernos una información no siempre necesaria pero divertida) que no se corresponden al cien por cien con lo que nos encontramos según va avanzando el metraje. Poco a poco, y sin que sepamos muy bien en qué punto concreto, la película comienza a perder algo de interés y de socarronería, convirtiéndose finalmente en un remedo algo descafeinado del subgénero que quiere parodiar (incluyendo algunas escenas de acción no demasiado espectaculares, pero resueltas con eficacia).

No obstante, y para cerrar la función, Black vuelve a jugar con la figura del narrador caprichoso y juguetón, pero uno termina la función con la sensación de haber visto un largometraje prometedor que a consecuencia de pretender ser rompedor acaba perdiendo algo el norte. Dicen que cuando la cinta se presentó en Cannes el año pasado consiguió arrancar una ovación del público. A mí no me ha parecido una genialidad del nivel que había previsto a tenor de algunas críticas que había leído, pero me queda, eso sí, la satisfacción de haber pasado un rato agradable, de echarme unas risas, de haber acompañado a dos personajes muy alejados del prototípico action hero (un ladrón y un detective gay) y de conocer algo más a Michelle Monaghan y su anatomía. No es mal balance al fin y al cabo.


Para tipos duros que se ríen de su propia sombra.


LO MEJOR: La energía inicial.
LO PEOR: El resto no está a la altura.
CALIFICACIÓN: 6 / 10
(ver ficha)
Fdo: Darkman.