HENRY FOOL, la ficción cierta
El nombre de la productora de Hal Hartley, True Fiction, resulta altamente ilustrativo desde que resume en qué consiste la obra del artista neoyorquino. Artista porque además de dirigir y escribir sus films también se encarga de su música, un elemento que poco tiene de accesorio. En un lugar entre Philip Glass y Brian Eno, las composiciones de Hartley, -firmadas casi siempre con el pseudónimo de Ned Rifle-, no hacen sino reforzar el aura que envuelve el universo de sus obras. Un mundo donde lo crudo y lo absurdo se dan la mano constantemente, un híbrido de hiperrealismo y fantasía. Hartley puede ser considerado sin duda alguna como creador de un género único, por mucho que se le haya acusado de emular a Godard. Personalmente el señor Jean Luc me parece un ejemplo de pretenciosidad y pedantería insultantes, fruto de la coyuntura y oportunista recalcitrante. Bien es cierto que el propio Hartley le ha mencionado en numerosas ocasiones como influencia capital, pero afortunadamente ha sabido tamizar sabiamente el influjo del galo.
Su paso por el teatro experimental ha marcado en gran medida el ritmo que imprime a sus diálogos y la planificación de sus escenas, donde los actores, la mayoría sacados de esa etapa teatral, bailan en lugar de moverse, siempre en el marco de unas escenografías límpidas y minimalistas, que contribuyen a crear esa “true fiction” marca de la casa.
“Henry Fool” (1997) es tal vez su film más sucio, por decirlo de algún modo. Ya verán porqué. También es el que abre una nueva etapa en su filmografía tras su incomprendido, osado y criticado “Flirt” (1995). Desde “Henry Fool”, las direcciones argumentales, que ya eran diversas y numerosas, se multiplican. Su lenguaje se vuelve más ecléctico si cabe, y la intelectualidad que poblaba su obra anterior adquiere una ácida autocrítica que ya se vislumbraba en un extraño e hilarante intermedio incluido en “Flirt”.

“Henry Fool” narra el encuentro entre dos seres marginales, Simon, el basurero reprimido, y Henry, el conflicto personificado, la provocación, el filósofo arrogante y hedonista. Simon es tremendamente inseguro, hecho que queda remarcado cuando vomita sobre la chica del matón de barrio que le amenaza. Esa falta de asertividad cambiará cuando Fool le introduce en su mundo, le culturiza y saca al poeta que Simon lleva dentro. Cuando este último asombra a Henry con un genial (y polémico) poema, el barrio se revoluciona, hecho que se trasladará a la ciudad entera. Al tiempo que esto ocurre Henry altera la vida en la comunidad a la vez que se distancia de Simon.
En “Henry Fool” Hartley magnifica una historia que de entrada podría parecer insulsa. La llegada de Fool al principio del film, al son del tema principal, una suerte de Waltz oscuro, es narrada con una extraña épica que queda rápidamente oculta durante el resto del metraje para reaparecer en el emocionante final. El resto del film se viste de un tierno y en ocasiones delicado tono costumbrista. Tampoco faltan trazos de gruesa escatología en un par de escenas (la mencionada escena del vómito parece sacada de “Este chico es un demonio”), la segunda de ellas realista y verdaderamente romántica como pocas, y que no pienso estropearle a quien no haya visto la película. Y como en todo film Hartley que se precie, la historia principal se ramifica en escenas en apariencia irrelevantes que le sirven para ofrecernos su particular visión acerca de las relaciones humanas, además de servir como marco de influencia de sus protagonistas. Lo dicho carecería de interés si no fuera porque Hartley es un cineasta de lo más desacomplejado, que se sirve del thriller barato, la comedia absurda, el drama social o el cine romántico para llevarnos a su universo de ficción verdadera. Tan real que termina por parecer onírico. En “Henry Fool” conjuga de nuevo sus pasiones y reflexiones sin jamás perder el equilibrio narrativo, gracias a su ritmo entusiasta a la par que relajado.

Desde un punto de vista más subjetivo, decir que este film supone una perfecta iniciación en el planeta Hartley. No faltan ninguno de los elementos que le han convertido en el director independiente por antonomasia, tales son su inquietud ideológica y su libertad estilística. Sí es cierto que a muchos les repelerá la aureola “de autor” que envuelve el cine de Hartley, sus largos (aunque bien administrados) silencios, aquellas escenas donde se filosofa largamente alrededor de lo vulgar y lo divino, sus personajes cuasi increíbles, su marciana ironía y su peculiar empleo del tempo cinematográfico. Ya habéis sido advertidos. Aquellos que no teman adentrarse en su mundo se verán gratamente recompensados, puede incluso que tras el probable shock que suceda a su primer encuentro quieran volver a enfrentarse a sus films, llenos todos de una poesía inaudita e inagotable.
LO MEJOR: La escena final, al son de “Run”, altamente emotiva
LO PEOR: No saber más de Simon y Henry
CALIFICACIÓN: 10 /10
Fdo: Marlon Dean Clift (artista invitado)
...ahora en http://cinefagos.wordpress.com













Chico Viejo dijo
Muchas gracias por tu reseña para Tierra, Marlon. ;)
Una película que no he visto y es que la distribución en este país es tan descerebrada como el doblaje de las películas. Me la apunto ya.
Esperemos verte de nuevo por aquí.
Saludos cinéfagos.
PD: No tenía ni idea de que Hartley usaba el pseudónimo de Ned Rifle. Lo cierto es que el nombre mola mucho. :)
24 Julio 2006 | 03:44 PM