EL SEÑOR DE LA GUERRA: primando el contenido y olvidando el continente

Si algo queda claro tras visionar “El señor de la guerra” es que la ética, la paz, y la ley están, en última instancia, supeditadas a los negocios y deseos de los poderosos. No hay forma más directa de mostrar como el poder y el dinero mueven el mundo, y ése es el propósito de Andrew Niccol. De hecho, el prólogo es toda una declaración de intenciones: asistimos a la vida de una bala, desde que nace en una oscura fábrica hasta que es entregada a un ejército soviético, revendida a unos guerrilleros africanos, introducida en un AK –47, disparada y artífice de la muerte de un niño. Más claro agua ¿no?
La historia de este señor de la guerra no es otra que la de Yuri Orlov, un nombre falso para un personaje real, que vio como el fin de la Guerra Fría supuso que quedaran abiertos a golpe de talonario los grandes depósitos de armas de la antigua URSS. Pronto (demasiado pronto en la película, quizás) nuestro protagonista se convierte en uno de los más grandes y eficaces traficantes de armas del mundo. La película juega con estas dos líneas: una de tratamiento casi documental que nos habla sobre el negocio de las armas y su evolución desde los 80; y otra que aporta el lado humano a la historia, sobre el progreso del protagonista, que vive por y para vender armas, lo único que sabe hacer y que le mantiene con vida.

El retrato humano que nos ofrece la película es la típica historia sobre la llegada a la cumbre y sus consecuencias. Yuri consigue convertirse en uno de los mejores traficantes de armas, pero este “logro” tendrá serias repercusiones en lo personal. De este modo asistimos a un proceso de extirpación de la conciencia del protagonista, que cada vez siente menos emocionalmente hablando. Éste es, en mi opinión, el principal fallo de “El señor de la guerra”, los personajes no tienen la suficiente profundidad como para comprenderlos y los actores tampoco hacen nada extraordinario para transmitir la evolución de los mismos. Nicolas Cage interpreta su papel sin demasiada pasión y los segundarios o no tienen ocasión de lucir su potencial (ahí tenemos a un desaprovechado Ian Holm) o no dan para más (como es el caso de Bridget Moynahan) Por otra parte, también encontramos la presencia de Ethan Hawke, el policía de la Interpol obsesionado por atrapar a Orlov, una suerte de “geyperman” que lo mismo viste traje que se monta en un caza... demasiado pintoresco para ser cierto, la verdad.
Todos estos personajes, al fin y al cabo no son más que marionetas articuladas para que nos traguemos de buen grado un magnífico reportaje sobre el mundo y el negocio de las armas. Tal y como decía Tony Montana en “Scarface”, Orlov es el tipo malo y sin escrúpulos que todos podemos señalar con el dedo, “el genocidio hecho carne” como él mismo dice. Lo terrible del caso es que, mientras que el foco le apunta, se desvía la atención del origen del problema: las grandes naciones productoras de armas necesitan a gente como Orlov para que hagan ventas que estarían muy mal vistas de cara al mundo bonito y civilizado. Este es el mensaje que justifica toda la película y que sirve como epílogo.
Hasta aquí, argumentalmente, lo visto se ajustaba bastante con lo que me esperaba como espectador, sin embargo, visualmente las expectativas eran mucho mayores. El tráiler prometía una sátira mordaz del tráfico de armas (más sarcástica de lo que en realidad es) y un estilo visual cuanto menos llamativo. Pues bien, las imágenes ofrecidas como anticipo eran, con alguna excepción, las más originales de todo el metraje (como la del símil entre los disparos de un Kalashnikov y una caja registradora). El resto del film se muestra bastante convencional, algo que unido a la voz en off resta dinamismo al conjunto y otorga un tono más serio, con la intención de no distraernos de lo verdaderamente importante, es decir, los políticamente incorrectos chanchullos del protagonista.

La impresión final es la de haber visto una película interesante, necesaria si queréis, pero desprovista del gancho necesario para preservarla en nuestra memoria.
Lo mejor: Las escenas en las que Orlov /Cage demuestra su sangre fría, y sus frases lapidarias: “Los vendedores de coches y tabaco no se llevan sus problemas a sus casas, y sus productos matan a más personas que el mío”
Lo peor: La escasa originalidad de la puesta en escena. Me hubiera gustado con un tono más trasgresor.
Calificación: 6 /10
Fdo: Stan
...ahora en http://cinefagos.wordpress.com













Chico Viejo dijo
Una película muy inferior a lo que se podía esperar. Nicolas Cage vuelve a demostrar que es un actor bastante limitado.
Lo peor de todo es que es muy efectista: ese plano de Cage con un fajo de billetes mientras los tíos a los que acaba de vender armas ejecutan a unos niños. En fin...
9 Julio 2006 | 01:23 AM