Ofrecer una película cuyo título revela la ineficacia de cualquier trama que se vaya a ver en la misma es, cuanto menos, peligroso. Lo curioso es que esa certeza se aplicará, en definitiva, a la propia obra cinematográfica: todo es un intento infructuoso por salir de la mediocridad y llamar la atención. Una película que nunca debió hacerse de este modo.

"El asesinato de Richard Nixon" trata la historia de un hombre cansado de la vida, de las constantes frustraciones que le impiden abandonar una situación indeseable tanto en lo laboral como en lo social. La dinámica que dirige su existencia es tan asquerosa que arremete contra una figura de éxito que, y esto es lo importante, se ha basado en mentiras para alcanzar su posición: el presidente de los EE.UU., Richard Nixon. De ahí que, aunque en el título parece plantearse desde el principio, alcanzado el tercer acto, decida realizar un acto criminal que, supuestamente, dé un sentido a su vida y provoque un cambio en el sistema que odia. Eso en sueños, claro.

Un planteamiento interesante, que podría dar mucho juego. Más aún cuando el carismático Sean Penn, convertido en un auténtico monstruo interpretativo para la prensa gracias a Eastwood, es el encargado de llevar todo el peso de la película. Sin embargo, todo se viene abajo por dos razones fundamentales: un guión mediocre y una dirección en consonancia. Carece de toda lógica, al menos desde la mía, pretender que el público sienta empatía, se identifique, con un personaje que es un triste y desgraciado retrasado mental con ansias de cometer un asesinato para cambiar "su" mundo. Un tipo totalmente inútil que es pisoteado por lógica por todo el mundo, que se salta la ley cuando le viene en gana, que miente pero no quiere que le mientan, que no tiene una maldita idea inteligente en toda la película... ¿cómo va a sentirse alguien identificado con semejante personaje? Lo mejor que podía hacer ese individuo era ir a un centro psiquiátrico y recibir ayuda profesional. Cualquier otra cosa es perder el tiempo, prolongar la agonía de su existencia y, lo que es peor, la del indefenso e inocente público.

Porque no se engañen. Sentir lástima por un inútil no es un punto a favor de la película. Eso es, simplemente, un síntoma de humanidad ajeno a esta estupidez cinematográfica. El principal responsable, Niels Mueller, ha dirigido una película absurda de la forma más torpe posible (absurda porque no despierta interés en ningún momento). Salvando un par de escenas, la película no transmite absolutamente nada (positivo, negativo sí que transmite); la narración es totalmente plana y carece de toda chispa de talento. Sólo al final tiene un auténtico ascenso pero para eso hay que tragarse demasiada mierda como para estar agradecido. Seguramente, gran parte de la culpa viene del guión, donde se ha pretendido narrar un extraño suceso real. Es curioso como siempre quieren vender la etiqueta de la historia real como excusa para hacer lo que les viene en gana y esperar la comprensión del respetable público. Algunos se lo tragan. A ellos, supongo, van destinados productos como éste de Niels Mueller, productos de consumo rápido y olvido aún más rápido. Porque "El asesinato de Richard Nixon" carece de todo lo que hace memorable a una película. Especial mención para el montaje, que es desastroso; no sólo se repiten escenas a diestro y siniestro llegando al punto del ridículo (la estúpida escena del buzón, por ejemplo), sino que todo el comienzo de la narración es un llamativo despropósito. Y el plano final es un buen resumen de todo lo anterior, una estupidez que es mejor tomársela a broma y echarse a reír. Es más sano.

Puestos a buscar puntos a favor, ni siquiera cuenta la película con una interpretación magistral que salve los platos rotos. Sean Penn, el encargado de cumplir con ese propósito se ve incapaz de levantar su personaje, de hacerlo interesante. Yo diría que no se lo cree. No consigue meterse en la piel de semejante basura social. Es como una aburrida mezcla, buscando un paralelismo cinematográfico, entre el Robert De Niro de "El Rey de la Comedia" y el Bill Murray de "Lost in Translation". Aún así, Penn tiene la posibilidad de explotar en un par de ocasiones y, por fin, consigue transmitir algo al espectador. Yo destaco dos escenas: una donde tiene un cara a cara con su hermano (cameo colosal de Michael Wincott) y otra ya al final, en un avión. Salvando eso, Sean Penn camina sin rumbo el resto del metraje, desorientado por un personaje mal escrito y peor dirigido. Porque una cosa es que el actor no esté cómodo, o convincente, y otra que el director no deje de mostrarle en su peor faceta. Los secundarios como Don Cheaddle y Naomi Watts simplemente están. Posan delante de la cámara y sueltan los diálogos como si fuera un telediario. Eso sí, Watts vestida de camarera es todo regalo para la vista.

En resumen, una película mal planteada, fallida y absurda, aburrimiento asegurado para todo aquel que busque recibir estímulos cinematográficos. En manos de otro director, menos inútil, y enfocando la historia en lo que interesa, que es el intento de asesinato, seguro, estaríamos hablando de un producto que es lo que realmente podíamos esperar como espectadores.

Lo mejor: El reencuentro no deseado y el diálogo entre los dos hermanos (Sean Penn y Michael Wincott).

Lo peor: Que nos tengamos que meter en la piel del inútil personaje de Penn.

Calificación: 2 /10

(Ver Ficha)

Fdo: Chico Viejo